Ruido, información y sociedad. Por Facundo Carmona



Ruido, información y sociedad

Abstract

La cultura occidental constituyó en torno al ruido un andamiaje teórico conceptual vinculado a la degradación, la entropía, el puro azar. Es posible remontar esta tematización a la Antigua Grecia, aquí el habla era una propiedad reservada al ciudadano político, mientras que el sonido producido por mujeres, esclavos y extranjeros era considerado como un ruido confuso (ruido de fondo). La historia reciente del ruido se inscribe en el desarrollo de la ingeniería de las comunicaciones, la cibernética y las vanguardias estéticas. En las primeras décadas del siglo XX, el desafío de los ingenieros en telecomunicaciones fue reducir el ruido de fondo que volvía ilegibles las señales. “El problema fundamental de la comunicación –señala Claude Shannon 1948 en la Teoría matemática de la comunicación– es el de reproducir en un punto exacta o aproximadamente un mensaje seleccionado en otro punto”. En este esquema, el ruido es entendido como degradación, entropía de la señal física en el proceso de decodificación. No obstante, durante el período de entreguerras, en el seno del Futurismo italiano, Luigi Russolo alumbró una óptica divergente respecto del ruido. En el manifiesto que tituló El Arte de los Ruidos, otorgó un valor estético al ruido, lo incorporó al mundo de la música y buscó exculpar su humillación por parte de la cultura. En el presente trabajo, ahondaremos en esta perspectiva estética, que continua vigente en la actualidad bajo la forma general del ruidismo, y busca dar cuenta del panorama urbano-técnico contemporáneo, lo destaca y –en su modo no representativo, ruidoso– le da sentido. De esta forma queremos presentar al ruido como una instancia preindividual que se vincula al concepto simondoniano de “medio asociado”. Al tiempo que nos permite aproximarnos a las mutaciones ontológicas y epistemológicas contemporáneas. 

Cibernética 

Para establecer una historia corta del ruido, es insoslayable abordar el concepto de información. Un camino posible es comenzar por el vínculo entre comunicación, información y energía, y la convergencia que posibilitó el ascenso de la cibernética como método transdisciplinar –exigió la colaboración entre matemáticos y físicos, pero también de psicólogos (Bateson), sociólogos (Weaver) y filósofos (Simondon)–. Esta primera instancia del desarrollo del concepto de información adoptó el lenguaje de la termodinámica, mediante la interpretación estadística de la entropía desarrollada por Boltzmann y Gibbs, en las teorías de la información. De esta forma, Shannon (1948) interpreta, el ruido que obstaculiza el envío de señales en la comunicación como entropía. Como señala Pablo E. Rodríguez, en el modelo de comunicación desarrollado por Shannon junto a Warren Weaver “hay una fuente que emite un mensaje y un transmisor que lo codifica. El mensaje codificado es enviado por un canal que necesariamente introduce ruido y pone a prueba la eficacia de la codificación. Quien recibe ese mensaje es un receptor (teléfono) que lo decodifica para que pueda ser leído por el destinatario”.  Por su parte, Wiener introduce en Cibernética, la idea de que la información es entropía inversa o neguentropía:

“Al aumentar la entropía, el universo, junto con todos los sistemas cerrados que contiene, tiende naturalmente a empeorar y a perder sus caracteres distintivos, a pasar del estado menos probable al más probable, de un estado de organización y de diferenciación, en el cual existen rasgos y formas, a otro de caos e identidad. En el universo de Gibbs el orden es menos probable, el caos más probable. Pero mientras el universo en su totalidad, si existe en cuanto tal, tiende a ese estado definitivo, existen enclavados locales, cuya dirección parece opuesta a la del universo como un todo en los cuales hay una tendencia temporal y limitada a aumentar la complejidad de su organización. La vida encuentra asilo en algunos de esos enclavados. Ligada instintivamente a esa idea desde un principio, se inicia el desarrollo de la nueva ciencia: la cibernética.”

Durante la Segunda Guerra, Wiener desarrolló para el ejército de los Estados Unidos el Predictor, un cañón antiaéreo que procesa las posiciones del avión enemigo y calcula las interacciones entre el arma y su blanco. En resumen, reduce los márgenes de error a través de un procesamiento estadístico. La intuición de Wiener, señalan los Tiqqun en La Hipótesis Cibernética, consistió en:

“Traducir el problema de la incertidumbre en un problema de información dentro de una serie temporal donde ciertos datos ya son conocidos, otros aún no, y en considerar al objeto y al sujeto del conocimiento como un todo, como un ‘sistema’. La solución consiste en introducir constantemente en el juego de los datos iniciales la distancia constatada entre el comportamiento deseado y el comportamiento efectivo, de suerte que ambos coincidan cuando la desviación se anule”.

De esta forma nace el feedback negativo, que permite recoger y procesar información de un acontecimiento determinado y calibrar su acción en función de su objetivo primario (vender publicidad o derribar un avión). El feedback positivo amplía el margen de acción. Estos procesos de causalidad circular, para decirlo con Simondon, de feedback, para decirlo con Wiener, se relacionan con la función homeostática. En palabras de Pablo E. Rodríguez, “el fenómeno por el cual un organismo tiende a mantener su equilibrio a través de una suerte de finalidad interna, inmanente, que reajusta incesantemente, a través de miles de feedback, la actividad metabólica que mantiene dicho equilibrio”. Para analizar la distancia que se despliega entre la teoría matemática de la información (que busca eliminar el ruido de fondo) y la cibernética (se autorregula en función de su interacción con un medio y la información emite su propia acción) es importante sumar los aportes de la filosofía del devenir que desarrolla Gilbert Simondon en general, y respecto de los conceptos de información, medio y comunicación en particular. 

Información

Simondon desarrolla una definición de información que pivotea con la TMI y la cibernética, y se ajusta a su proyecto filosófico acerca de la individuación, en el punto que la información fluctúa entre el azar absoluto y la determinación completa de la forma. Simondon traza una divisoria respecto de la TMI en el sentido de que información es plus respecto de la transmisión de un mensaje. Así, nos dice que “la filosofía de las técnicas no se puede fundar sobre la investigación incondicional de la forma, y del rendimiento de la forma, en la transmisión de información”. Simondon desarrolla su concepto de información atento a la figura del receptor. Hay información en tanto es relevante para un individuo. La información debe contener cierto grado de imprevisibilidad respecto a la cual su energía modulada o soporte resulte previsible, pero tampoco puede ser pura imprevisibilidad pues no sería "legible", estaríamos frente a un fenómeno de puro azar. En la individuación, la actividad de información implica transducción de la singularidad que estructura el campo metaestable propagándose a través de él hasta que se agota la energía potencial del sistema y la estructuración es completa.

“La información es, en un sentido, lo que puede ser infinitamente variado, lo que exige, para ser transmitido con la menor pérdida posible, que se sacrifique el rendimiento energético para no disminuir en lo más mínimo el abanico de los posibles. (…) Pero la información, en otro sentido, es aquello que, para ser transmitido, debe estar por encima del nivel de los fenómenos de puro azar, como el ruido blanco de la agitación térmica; la información es, entonces, lo que posee una regularidad, una localización, un dominio definido, una estereotipia determinada por la cual se distingue del puro azar (…) En un sentido, la información es lo que aporta una serie de estados imprevisibles, nuevos, que no forman parte de ninguna serie de antemano (…) Sin embargo, el ruido no tiene significación, mientras que la información si la tiene. En un sentido inverso, la información se distingue del ruido porque se le puede asignar cierto código, una uniformización relativa a la comunicación.”  

La información, tal como la trabaja Simondon –con arreglo a Wiener– implica una causalidad circular, retroactiva que escapa al modelo lineal de Shannon y Weaver. La señal no sólo ha de ser enviada tratando de evitar el azar, sino que ha de poseer una significación, una eficacia, para el receptor. Entre la previsibilidad e impredecibilidad absoluta se recortan los márgenes relacionales de la información. “Es el hombre quien descubre las significaciones: la significación es el sentido que toma un acontecimiento en relación con formas que existen previamente; la significación es lo que hace que un acontecimiento tenga valor de información”. Es evidente la deuda de Simondon respecto de ruido como entropía, azar, que en el Curso sobre la comunicación va a comenzar a despejar. 

Medio

Otro de los conceptos claves que desarrolla Simondon en el MEOT, es el de medio asociado. Este concepto nos permitirá trazar un puente provisorio entre preindividual y ruido. Aquí Simondon señala que “se puede afirmar que la individuación de los seres técnicos es la condición del progreso técnico. Esta individuación es posible por la recurrencia de la causalidad en un medio que el ser técnico alrededor de sí mismo y que lo condiciona tanto como se ve condicionado por él. Este medio, a la vez técnico y natural, se puede denominar medio asociado” (MEOT 77, 78). Para luego resaltar que, “el medio juega un rol de información; es sede de autorregulaciones, vehículo de la información o de la energía ya regulada por la información; (…) el medio asociado es homeostático”. En este sentido, el medio asociado podría ser entendido como una realidad preindividual, plataforma para individuaciones futuras, continente potencial de singularidades, que no conforman un conjunto definible. Por otro lado, la realidad preindividual se desarrolla de forma metaestable, esto implica potencialidad para originar nuevas estructuras. De esta forma, la realidad preindividual se relaciona con la individuación, el proceso de estructuración que no agota sus potenciales, esto permite que las estructuraciones/individuaciones se actualicen.

Comunicación

La comunicación está ligada a la individuación y no puede operarse sin ella. Por otra parte, e inversamente, la comunicación ayuda a la individuación a coronarse, a mantenerse, a regenerarse, o a regenerarse, en especial en el caso de la reproducción. Si solo existiera sustancia única y homogénea, o muchos sistemas cerrados y aislados, adiabáticos, asistiríamos a conservaciones inmutables de un estado predeterminado, o al aumento de entropía en el interior de cada uno de los sistemas adiabáticos sometidos a transformaciones internas. (CC 31)

¿Qué hace falta para que exista la comunicación? Primero, es necesario que exista una pluralidad (al menos una dualidad) de sistemas casi cerrados (entrada salida). Los sistemas tienen que estár en equilibrio metaestable (equilibrio=degradación=muerte=silencio). Sin un receptor metaestable no hay comunicación posible. Finalmente, la comunicación es el hecho de que “unas incidencias de débil valor energético pueden establecer un acoplamiento con amplificación de los efectos entre los diferentes órdenes de magnitud de un mismo sistema en estado de equilibrio metaestable o entre diferentes sistemas metaestables”. Mientras que, por otro lado, la comunicación en el interior de un sistema metaestable, señala Simondon en el Cuso sobre la comunicación (1970 – 1971), raramente es de sentido único, por lo general comporta la acción directa y el retorno (feed-back, respuesta, reacción).

Ruido

El 11 de marzo de 1913, se publicó el Arte de los ruidos. Manifiesto futurista. Su autor, Luigi Russolo era un pintor que dos años antes había firmado otro manifiesto: La pintura futurista. El problema técnico del ruido vinculado a las telecomunicaciones ya estaba lo suficientemente extendido, al igual que el ruido de las bombas en las trincheras, y la sentencia de Filippo Marinetti en el Manifiesto Futurista de que “un automóvil que ruge corriendo a velocidad de ametralladora es más bello que la victoria de Samotracia”.

Luigi Russolo, observó la necesidad de “romper el círculo restringido de sonidos puros y conquistar la variedad infinita de los sonidos ruidos” (Russolo 2018). Propuso el ruido como elemento fundamental para el desarrollo acústico. “Entonar los ruidos no quiere decir privarlos de los movimientos y de las vibraciones irregulares de tiempo e intensidad, sino más bien dar un grado o un tono a la más fuerte y predominante de esas vibraciones” (Russolo 2018). El ruido, tal como lo aborda el Ruidismo, no es un mensaje que en su previsibilidad no contiene información, ni la alteridad de la imprevisibilidad, del puro azar. El ruido acontece como latencia, como instancia pre-individual, como relación, como fuente de individuaciones posibles. Russolo pone en acto una instancia ruidosa de la vida y de la técnica de su tiempo, asume el riesgo de confrontar y afrontar la complejidad del terreno en el que se asientan. 

Otro ruidista reconocido fue Edgard Varèse, quién elaboró sus obras a partir del concepto de “sonido organizado”, con el que se aparta de las nociones tradicionales de armonía y melodía. Sus obras se organizan según la yuxtaposición, la repetición y la variación de ideas musicales basadas en el timbre y los volúmenes sonoros, convirtiéndose de este modo en un precursor de la música electroacústica y la música concreta. Con el desarrollo del siglo, accedió a la manipulación de elementos electrónicos, y de ahí sus obras Déserts para vientos, percusión y cinta (1954) y un Poème électronique, junto al arquitecto Le Corbusier (1957-1958). En Credo, escrito en 1937, John Cage se une a Russolo y Varèse para imaginar un futuro musical en el que el “ruido” será un recurso crucial. “Mientras que en el pasado”, escribe Cage, “el punto de desacuerdo ha estado entre la disonancia y la consonancia, en el futuro será entre el ruido y los llamados sonidos musicales”. Mientras que en Argentina la obra de Alan Curtis es una referencia ineludible. -

Tanto el Gran Concerto Futuristico (1917) para el cual diseñó el Intonarumori, una serie de cajas y conos parecidos a gramófonos, compuestos de manivelas, cuerdas y parches de tambor (Luciano Chessa). La actividad musical futurista de Russolo se desarrolló entre 1913, año de su Manifiesto sobre el arte de los ruidos, y 1921. El año 1913, formuló el Arte de los ruidos y comenzó la construcción de instrumentos para realizarlo. El intonarumori (entonadores de ruido), constituyó el comienzo de la participación pública de Russolo con la música, mientras que 1921 fue el año de la última patente del intonarumori, y el año del último concierto de intonarumori. En La música (1911), un cuadro previo a la etapa de compositor, el sonido está representado por una onda azul que se expande casi en forma de espiral. Tanto la espiral como la línea ondulada fueron recibidas positivamente por los futuristas, porque, como Carrà indicó en su manifiesto formas sugieren dinamismo. Russolo bautizó todas las obras que compuso en 1913–14 para conciertos de intonarumori: “Spirali di rumori” (espirales de ruidos). Luciano Chessa, señala en su estudio Luigi Russolo, futurist que “la continuidad flexible y en forma de espiral de la ondulación reproduce la esencia de la enarmonia futurista: una diapositiva entre las infinitas frecuencias contenidas entre dos tonos diferentes. Envolviendo el concepto en ropas espirituales, Russolo lo definió en El arte de los ruidos como "continuidad dinámica" (continuità dinamica)”. En resumen, estas performance y composiciones ruidistas, se aproximan al arte y a la tecnología como regímenes de experimentación sensible, dan cuenta de constitución sociohistórica de la experiencia tecnoestética. 

La inclusión del ruido como elemento estético desarrollado por Russolo, también dialoga con la cibernética. En el caso de los sistemas autoorganizados (segunda cibernética), Heinz Von Foerster los describió como fenómenos de incremento del orden reforzados a través de perturbaciones del entorno (“ruido”) escogidos por el sistema para ser incorporadas ulteriormente en su estructura. Heinz von Foerster llamó a este principio “el orden a partir del ruido”. Un sistema social no es un sistema en equilibrio. Por el contrario, constantemente se producen perturbaciones, desviaciones que fuerzan a una constante reorganización y ajuste. En una estela que recuerda a las críticas de Simondon a los modelos que sostienen un “equilibrio estable”, en la segunda cibernética el orden y el desorden colaboran en la organización del sistema.  

Ruido de fondo, ruido como medio 

Russolo diferencia al ruido del sonido en el punto en que “las vibraciones que lo producen son confusas e irregulares, ya sea en el tiempo como en la intensidad. (…) El ruido acompaña cada manifestación de nuestra vida, por eso le resulta familiar a nuestro oído y tiene el poder de remitirnos a la vida misma. Cuando el sonido, ajeno a la vida, siempre musical, cosa en sí misma y elemento ocasional no necesario, se transformó para nuestro oído en eso que para el ojo puede ser un rostro bien conocido, el ruido, en cambio, llegándonos irregular y caótico desde la confusión misma de la vida, no se revela nunca por completo y nos reserva sorpresas innumerables”.

Simondon sostiene en el curso de 1970 que el ruido social no es solamente un “ruido de fondo”; sino que aporta una información. El medio sonoro comporta en primer lugar un ruido de fondo (lluvia, viento, choque de las olas), así como reflexiones de ruidos que informan al individuo sobre el medio en el que se encuentra. El individuo se sitúa en una textura acústica del medio, un ambiente sonoro. La adaptación al medio sonoro de corto plazo es instantánea, podemos reconstruir cualquier instancia en la cual el ascenso del ruido nos lleva a modular el tono de nuestra voz, “esta comunicación con el medio implica la existencia de un feedback” mediante el cual de modifican acciones. El silencio es generalmente críptico, y podríamos arriesgar que implica una instancia en la cual todos los potenciales se han actualizado. El ruido, en el individuo, modula en amplia medida la actividad. En el ruidismo hay una modulación que hace audible (transduce en información) una pluralidad de singularidades, actualizando el campo de lo posible. Como señala Simondon, “los seres vivientes son capaces de extraer de un ruido de fondo aleatorio una señal portadora de información”. El receptor, como individuo activo de sentido, percibe aquella señal acústica físicamente más potente, sino aquella que mejor se corresponde con la motivación. La variabilidad de las motivaciones introduce una pluralidad en los regímenes de recepción. 

“La comunicación con el medio, en lugar de un obstáculo que hay que superar para instaurar la comunicación etológica, puede servirle de portadora, es decir ser modulada por ella. Señal etológica. EL hombre, como ser viviente en sociedad, es sensible al ambiente sonoro y puede emplearlo espontáneamente o deliberadamente como preparación, preseñalización y sincronización previa de los individuos que participan en una acción colectiva”. Y concluye que:

“Contrariamente a lo que pasa en las comunicaciones intercambiadas por intermedio de un canal técnico, el ruido de fondo no es siempre entonces lo contrario de la señal significativa; aun aleatorio, el ruido de fondo juega ya un rol de estimulación y de sincronización. Pero además y sobre todo, el ruido de fondo social (al tiempo que conserva ese carácter negativo de causa de interferencia para una comunicación entre dos individuos o para un pequeño numero de individuos en el seno del grupo) juega un rol de una energía portadora modulada que transmite esbozos de motivación y esquemas de acción: la distinción de los niveles de comunicación no es ilusoria, pero tampoco debe ser considerada como radical e inmutable”. 

Conclusiones

El ruido, como presumió tempranamente la vanguardia ruidista, no es pura entropía sino condición de posibilidad para un orden metaestable. El Ruidismo, que continua activo en la actualidad, anticipa algunos de los debates fundamentales de nuestro tiempo. Problematizar el ruido desde una perspectiva que aborde estas aristas implica embarcarnos en el devenir de la información, en las nuevas formas de saber, en los avatares de la estética y las mutaciones en los regímenes de poder. Resta estudiar en el futuro, las formas, modos y grados de los cruces entre ruido, técnica y sociedad para dar cuenta de las mutaciones en curso en el plano epistemológico y ontológico.  

Bibliografía:

Attali, J. (1995). Ruidos. Ensayo sobre la economía política de la música. México: Editorial Siglo XXI

Holik, Federico. 2016. "Teoría de la información de Claude E. Shannon". En Diccionario Interdisciplinar Austral, editado por Claudia E. Vanney, Ignacio Silva y Juan F. Franck. URL=http://dia.austral.edu.ar/Teoría_de_la_información_de_Claude_E._Shannon

Rodríguez, P. (2012). Historia de la información. Buenos Aires: Capital Intelectual.

Simondon, G. (2007). El modo de existencia de los objetos técnicos. Buenos Aires: Prometeo.

Simondon, G. (2015). La individuación a la luz de las nociones de forma y de información. Buenos Aires: Cactus. 

Simondon, G. (2016). Comunicación e información. Buenos Aires: Cactus. 

Tiqqun. (2015). La hipótesis cibernética. Buenos Aires: Hekht.

Wiener, N. (1998). Cibernética o el control y la comunicación en animales y máquinas. Barcelona: Tusquets.


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